jueves, 3 de julio de 2014

Capítulo 6

JOSH

No puedo evitar reír mientras escucho los mensajes que Claudia me ha dejado en el contestador, mientras estaba en el avión.
-¡Te quiero! Te quiero, te quiero, te quiero, te quiero. Y te echo de menos.
A continuación se escucha un ruido al otro lado del teléfono y el mensaje termina. Supongo que se habrá pegado el móvil a la boca para darle un beso. Con solo pensar esto, en mi cara se dibuja una de aquellas sonrisas tontas que siempre odiaba cuando era pequeño. Son las vueltas irónicas que da la vida.
Me siento en el sillón de mi habitación del hotel, aprovechando los pocos minutos de relajación que podré disfrutar en toda mi estancia aquí, en Sídney, a cientos de kilómetros de las personas a las que quiero, antes de que comience la grabación de mi nueva película.  Busco la hora en el reloj que solté entre mis pertenencias antes de subir al avión. Son las ocho de la mañana aquí, por lo que son las seis de la tarde en Nueva York, la ciudad en la que llevo algo más de un año viviendo con Claudia y quien, ahora mismo, debe estar en mitad de las clases. Así que descarto llamarla, aunque me matará por no haberlo hecho nada más aterrizar aquí, en tierra de canguros.
Comienzo a juguetear con el móvil entre las manos, desesperado por comunicarme con alguien. Entonces la recuerdo. Es difícil no recordar hasta el último detalle de su rostro cuando vivo con alguien exactamente igual a ella, salvo que Claudia tiene el pelo más corto. Ana nunca se arriesgaría a cortárselo como ella.
Busco en la agenda de mi móvil su número. En España deben de ser las doce de la noche, con lo que Ana seguro que está despierta. Y, efectivamente, tras dos toques, la propietaria del teléfono responde.
-¿Diga? – pregunta en inglés, lo que me extraña bastante. Yo opto por saludarla en español.
-Hola Ana, ¿qué tal? Soy Josh.
Nuestras conversaciones, las cuales llevaban sin tener lugar unos tres meses, no solo me sirven para saber todo lo que ocurre con mis fans, sino también para mejorar mi español, el cual hace mucho tiempo que di por perdido.
-¡Josh! – no me hace falta verle la cara para saber que está sonriendo. Es una de las pocas personas que conozco con la que hablar por teléfono apenas se diferencia a hablar con ella en persona. – Ahora mismo no es un buen momento para hablar, estoy haciendo un trabajo.
-¿Y estas son horas para hacer un trabajo? – pregunto, sorprendido – Deberías estar durmiendo.
-¿Qué? – parece algo contrariada. Vuelvo a mirar mi reloj para comprobar que no me he equivocado.
-Son las doce de la noche, ¿no? – intento asegurarme. Llevo toda mi vida viajando de un lugar a otro con lo que los cálculos entre franjas horarias siempre se me han dado bien. Además, soy un as de las matemáticas. Ella lo sabe mejor que nadie.
-No… - responde algo confundida. – Ah, espera, ¿crees que estoy en España?
-¿No lo estás? – pregunto. Sin lugar a dudas, esta es una de las conversaciones más ridículas que jamás he tenido con mi amiga.
-No. Es que hace mucho que no hablamos.  – tras esto hace una pausa en la que seguro que recuerda nuestra última conversación. No fue la más agradable teniendo en cuenta que fue Claudia quien contestó al teléfono. Fue la peor forma en la que Ana pudo enterarse de nuestra relación – Me han concedido una beca de estudios y estoy en Los Ángeles.
-¿Los Ángeles? – pregunto, incapaz de creerlo. - ¿Desde cuándo?
-Dos meses.
-Pues deberías haber venido a visitarnos… quiero decir, visitarme – corrijo rápidamente, aunque el daño ya está hecho – Yo estoy en Australia, acabo de llegar.
-Lo sé – responde, ignorando mi metedura de pata – Las redes sociales son un torbellino de información estos días. Las fans australianas están pensando en secuestrarte, espero que vayas protegido.
Tras esto suelta una corta carcajada que da a entender perfectamente que no se siente cómoda con esta conversación.
-Iré con cuidado – prometo.
-Te dejo, Josh. Espero hablar contigo pronto, pero ahora mismo tengo mucho trabajo. Adiós.
-Hasta pronto, Ana.


martes, 24 de junio de 2014

Capítulo 5

CLAUDIA

Me separé rápidamente de él antes de que nuestros labios entraran en contacto y volví a morder mi sándwich de mantequilla de cacahuete. Después, me tumbé sobre el mantel de cuadros y me dediqué a buscar algún trozo de cielo entre el frondoso follaje del árbol que había justo encima de nosotros.
-Claudia...
-Déjalo, Josh - le corté, sonriendo ampliamente.
-No. Quiero disculparme si te ha molestado.
-No me ha molestado - comenzaba a ponerme de mal humor, no solo por haberme separado de él, por lo que ya me consideraba bastante estúpida. También porque él insistía en seguir con el tema.
-Pero...
-¡Josh! - exclamé, levantándome - Eres mi amigo, quiero seguir disfrutando de este día y no quiero estar incómoda.
-¿Si volviera a intentar besarte te apartarías? - la pregunta me pilló desprevenida.
-Sí - afirmé, poco convencida.
-¿Por qué?
-Porque yo no soy ella.
Ahora era él a quien parecía que mi respuesta lo había sorprendido.
-¿Crees que te confundo con ella?
-Veo cómo se te iluminan los ojos cada vez que te llama o cuando alguno de los dos la nombra. - con cada palabra que decía sentía un fuerte dolor en el pecho - Sé que cuando me ves primero piensas en ella y después te decepcionas al comprobar que soy yo. Sé que la quieres, Josh.
-¿Quién dice que no te quiera a ti también?
-Cuando se quiere a dos personas al mismo tiempo significa que no se quiere a ninguna de ambas - esta última frase la dije en español.
Me agaché para recoger las cosas y, sin despedirme, empecé a alejarme de él.


ROSS

La chica que tengo delante mira a un lado y a otro del pasillo. Se muerde el labio inferior con fuerza, hasta tal punto que temo que le empiece a sangrar.
-Yo… esto… lo siento – balbucea, incapaz de mirarme a los ojos.
Sí, sin lugar a dudas es la chica que esta mañana corría por los pasillos, y la misma chica con la que mi hermana hablaba a la salida.
-Soy Ross – digo, y estiro el brazo para estrecharle la mano.
Entonces levanta la mirada. Sus ojos son marrones oscuros y el pelo, largo, lo tiene echado hacia atrás, como si se hubiera quedado así después de llevarlo recogido todo el día. Baja la mirada y aprieta mi mano. La suya es pequeñas, aunque fuerte. Tiene un lazo amarillo atado en la muñeca derecha y un tatuaje, una pequeña “s”.
-Ana – se presenta. Sonríe con una sonrisa nerviosa.
-Entonces, eres la de la mochila. ¿No?
Se limita a asentir con la cabeza al mismo tiempo que su sonrisa se ensancha. Después, me suelta la mano.
-Tengo que irme – dice, señalando hacia el fondo del pasillo, donde la puerta de la habitación de Rydel sigue cerrada a cal y canto.
La sigo con la mirada hasta que la puerta se cierra tras ella. En ese momento oigo las pisadas por las escaleras, que suben de tres en tres. El pelo oscuro de Rocky se mueve al compás de la música que está escuchando en su MP4. Echa un vistazo a la puerta del final de pasillo y después se acerca a mí.
-¿Aún no han salido? – pregunta, quitándose uno de los auriculares.
-¿Quiénes?
-Rydel y su amiguita.
-Dudo mucho que sean amiguitas – contesto, intentando imitar su tono en la última palabra. – Y no, siguen trabajando; aunque la chica, Ana, sí ha salido. Me la he encontrado en el pasillo.
-Ana – repite con voz sensual, y me obligo a aguantar la risa - Es guapa, ¿verdad? – pregunta pícaramente, dándome un codazo.
-Demasiado tímida para mi gusto – contesto, al mismo tiempo que me encojo de hombros.
Me doy la vuelta y regreso a mi habitación. Está más desordenada que de costumbre. Las sábanas de la cama pegada a la pared están arrugadas de haber estado toda la tarde tumbado. Encima del escritorio aún hay medio bocadillo de crema de cacahuete y bolsas de patatas fritas. Avanzo hacia él y recojo el folio que hay sobre la mesa. Hacía tanto tiempo que no tocaba esa canción que casi había olvidado las notas, pero no, siguen guardadas en mi cabeza. Supongo que jamás se borrarán.
Cojo la guitarra acústica que he dejado sobre la silla y toco algunos acordes al azar.
Esa chica parecía llorar cuando la encontré. ¿Sería por la canción? ¿Le parecería triste?
¿Acaso la conocía?
No, es imposible. Nadie, o casi nadie conoce esa canción. Sería demasiada coincidencia.

Me quito la imagen del tatuaje de la cabeza. Tengo cosas mucho más importantes que hacer.

domingo, 16 de marzo de 2014

Capítulo 4

ANA

Oigo voces y golpes al otro lado de la puerta mientras espero nerviosa, sin dejar de dar golpecitos con la punta de mi pie derecho al primero de los escalones de la casa. Al fin la puerta se abre y aparece una Rydel colorada y con cara de pocos amigos.
-Ho-Hola. - saludo.
-Pasa – contesta con sequedad.
Cruzo la puerta y aparezco en un rellano de mueves blancos y paredes color miel. Sin decir una palabra, Rydel comienza a subir las escaleras y yo me limito a seguirla. La planta de arriba consta de un pasillo con numerosas puertas. Rydel llega a la puerta de madera blanca que hay al final de esta, la abre y pasa.
La habitación de mi compañera de trabajo es rosa con muebles de madera blanca a juego con lo del resto de la casa. Aún quedan detalles de su infancia, como varios peluches sobre la cama y una tablón de corcho lleno de dibujos, fotografía y folios escritos por completo. Me pregunto si serán letras de canciones, pero me parece algo tan privado que me obligo a retirar la mirada.
Todas las paredes están llenas de pósteres, sobre todo de All Time Low, su grupo de música favorito. En una esquina de su habitación está su teclado eléctrico. Cuando lo veo, noto un escalofrío que me recorre todo el cuerpo.
-¿Te importa que abra la ventana? - pregunta, y antes de que me dé tiempo responder, ya la ha abierto de par en par.
Pasamos las siguientes tres horas buscando información y fotografías sobre el barroco en su portátil y haciendo anotaciones. Apenas hablamos, sólo para comentar o preguntar sobre algún tipo de información dudosa. Al otro lado de la ventana se escucha el sonido de los niños jugando en la calle. Lo único que nos interrumpe es el sonido de una guitarra. En cuanto la escucha, Rydel deja de escribir sin levantar la cabeza. Entonces el sonido de la guitarra es acompañado por una voz, y la chica rubia que hay sentada a mi lado salta de la silla y camina hacia la puerta.
-Espera aquí – dice antes de salir por la puerta, dejándome sola.
El sonido de la guitarra eléctrica continúa sonando con fuerza y yo me quedo petrificada al escuchar sus voces. Es Forget About You, sin ninguna duda, una de sus canciones más famosas. Primero el solo de Riker, luego el de Ross y entonces llega el estribillo. Escucho con atencón, disfruando de cada verso. La canción continúa.

“So right, super tight
Can't recall anything las night
But we woke up with a smile in the morning”

Entonces se oye un grito de rabia, la canción se detiene por un segundo y enseguida se escucha la voz de Ross, cantando mas rápido de lo normal.

“Baby I think I've lost my mind
Feels like it crashed into my life
I keep on losing track of time
I'm so mess up, yeah
I'm so...”

Y la música se corta. El silencio es seguido de gritos de protesta, pero la conversación es imposible de entender. Las voces se trasladan al interior de la casa y oigo como varios de pares de pies suben las escaleras. Rydel entra en la habitación y cierra la puerta de un portazo.
-Lo siento – dice mientras camina a la silla para sentarse, pero antes de poder hacerlo se escuchan unos suaves golpes en la puerta.
Rydel se detiene y resopla. Después mira a la puerta y a la silla consecutivamente, valorando qué debe hacer. Al final opta por la puerta y la abre con cuidado.
-¿Qué? - pregunta a la persona que hay frente a ella y a quien no alcanzo a ver.
-Te prometo que no he tenido nada que ver. - contesta la otra persona con rapidez. No me hace falta verlo para saber que esa voz pertenece a Ellington. He visto cientos de entrevistas de ellos para reconocer las voces de todos y cada uno de ellos.
-Lo sé – Rydel fuerza una sonrisa amable – Ha sido idea de Ross y Rocky, ¿verdad?
Ellington ríe al otro lado de la puerta.
-Conoces bien a tus hermanos.
-Por cierto, ¿dónde están? - pregunta Rydel.
-Ross en su cuarto, Rocky se ha ido a dar una vuelta y Riker está en el salón. Están bastante mosqueados.
-Mejor. Así nos dejan trabajar en paz. Quiero quitarme este trabajo cuanto antes. - al escuchar esto siento una creciente incomodidad.
-Nos vemos mañana, ¿vale?
-Hasta mañana.
Rydel vuelve a cerrar la puerta despacio y vuelve a sentarse en la silla que hay junto a mí. Volvemos a estar en silencio hasta que me veo en la obligación de romperlo.
-Rydel, ¿te importa que vaya al servicio?
-Tercera puerta a la derecha. Llama antes de entrar – responde sin levantar la mirada.
Salgo de la habitación y camino en silencio y con cuidado por el pasillo. Pero entonces vuelvo a escuchar su voz. Vuelvo a sentir un escalofrío y los pelos se me ponen de punta.

“I heard you're heading east
So let's just make our peace
So when you think of me
You'll smile and I'll smile

So wait up, wait up
Give me one more chance
To make up, make up
I just need one last dance

So wait up, wait up
Give me one more chance
Just one song, then I'll move on
Give me one last dance

I just need one last dance...
...with you”

Los acordes de la guitarra dejan de sonar y vuelve a hacerse el silencio en la casa. Me quedo petrificada, incapaz de moverme, en mitad del pasillo. Cuando parpadeo, dos lágrimas caen por mis mejillas y me obligo a secármelas rápidamente.
Entonces se abre la puerta y un chico rubio y alto sale de la habitación de la que provenía la música, se queda mirándome fijamente a los ojos, aún llorosos. Es un momento demasiado extraño y el silencio sólo se rompe cuando el chico me mira de arriba a abajo y pregunta:

-Tú eres la chica de la maleta pesada.

jueves, 13 de febrero de 2014

Capítulo 3

CLAUDIA
Aquella tarde Josh decidió enseñarme una zona de Nueva York que aún no había visitado. Si en Nueva York hay parques famosos, éste no era uno de ellos; pero era precioso. Completamente vacío de turistas y lleno de grupos de amigos o de parejas paseando a sus mascotas. Había fuentes por todos lados y árboles que cobijaban del ardiente sol. Era precioso.
-¡He traído un picnic! – anunció Josh cuando llegué a su altura.
Tenía una típica cesta de picnic en la mano. Sin poder evitarlo, empecé a reír.
-¿De qué te ríes? ¿No has visto nunca una cesta de picnic?
-Nunca he ido de picnic – confesé.
-Genial. Entonces será una experiencia única. Vamos.
Josh se encargó de encontrar un troco de césped alejado y solitario y nos sentamos sobre un mantel que había dentro de la cesta. De la cual empezó a sacar sándwiches y mantequilla de cacahuete.
-Algo me dice que nunca has probado la nocilla – comenté, dándole el primer bocado a mi sándwich.
-¿La qué? – preguntó Josh confundido.
-Ya veo que mi hermanita no te lo enseñó todo de España.
En cuanto nombré a mi hermana me arrepentí. Ninguno había hablado de ella desde que nos encontramos. Sabía que él seguía manteniendo el contacto con ella. Era algo así como su agente no oficial. Pero no sabía si había algo más y sospechar sobre eso me provocaba un nudo en el estómago sin razón: no sentía nada por Josh… o al menos intentaba convencerme de ello.
-¿Has hablado con ella? – sacar a luz el tema de mi hermana siempre provocaba en Josh la misma reacción.
-No, Josh. Nunca hablo con ella. – contesté resignada, en lugar de desviar el tema como siempre había sucedido.
-Deberías. Ana es una gran persona.
“Ana es una gran persona”. Estas palabras fueron como un puñetazo para mí. ¿Cómo podía decir eso sin ni siquiera conocerme? Pero daba igual. Josh era mi amigo. ¿Qué importaba lo que él pensara de mí o de mi hermana?
-Lo sé – contesté finalmente – Pero nuestra relación es complicada. Deberías saberlo.
-Lo sé – contestó Josh con seriedad.
Lo miré fijamente y me encontré con sus ojazos verdes y marrones al mismo tiempo clavados en los míos. Mantuvimos la mirada durante minutos, sin que ninguno se atreviera a retirarla. Era como un imán imposible de separar y no me sentía nada incómoda. ¿Por qué alejarla entonces? Sabía que era lo que debería hacer, sabía que mis sentimientos estaban algo agitados cuando Josh me miraba y mantener el contacto visual no ayudaba a que estos se calmaran, sino todo lo contrario.
Apenas noté como la distancia entre ambos se acortaba, ni siquiera supe quién fue el responsable de ello, aunque puede que ambos lo fuéramos.
“Esto no está bien”. Ese era el único pensamiento que inundaba mi cabeza cuando nuestros labios se rozaron. Una corriente me recorrió de la punta a los pies y me paralizó, dejándome demasiado cerca de su rostro.
Fue él quien se lanzó al abismo y cruzó esos escasos milímetros mientras yo me limitaba a cerrar los ojos.


RYDEL
-¡Dejad de hacer el tonto y escucharme!
Mis hermanos se callan al fin, algo que me ha costado casi quince minutos. Ellington ha sido el primero en sentarse en el sofá y escucharme, sin embargo Rocky y Ross no han dejado de discutir por una bolsa de patatas fritas a la barbacoa.
-A ver. Esta tarde va a venir una chica de mi clase para hacer un trabajo. No quiero que nos molestéis, ni que ensayéis… ¡Ni que vayas a verla, Rocky! – exclamo, al ver que mi hermano le da un codazo a nuestro amigo.
-Entonces, ¿pretendes que nos quedemos en nuestra casa como si no estuviéramos? – pregunta Ross, echando algún tipo de salsa dentro de la bolsa de patatas.
-Sí, es más si queréis iros…
-¡¿Qué haces?! – Rocky se lanza sobre Ross y le quita la bolsa de patatas de las manos - ¡Eres un puerco! ¡Deja de meterte tanto en el papel, Austin, la serie ya ha acabado!
-¡No me llames Austin! – grita Ross tirando de la bolsa – Sabes que lo odio y sabes que me encanta probar cosas nuevas.
-¡Deja de mezclar comida!
-¡Deja de quitarme mi comida!
La bolsa se rompe y las patatas salen volando por la habitación, llenando todo lo que encuentran a su paso de una salsa verdosa, incluido mi pelo y la ropa de Ellington. Sin embargo, mis hermanos siguen discutiendo como si no hubiera pasado nada.
Ellington, quien se ha acabado levantando del sofá, se acerca a mí sin dejar de mirarse la camiseta roja llena de salsa espesa.
-Te agradecería que me ayudaras a limpiarme esto, no tiene buena pinta.
Le hago un gesto para que me siga y salimos del salón, intentando ignorar a los dos escandalosos. Subimos las escaleras y llegamos al cuarto de baño. Con una toalla húmeda intento quitarle las manchas a la camiseta, pero es imposible.
-¿Qué tipo de salsa es? – pregunto.
-Ni idea. Ya sabes cómo es tu hermano.
Entonces se quita la camiseta. No es la primera vez que lo veo con el torso al aire, pero esta vez, ambos estamos solos. Me doy la vuelta y mojo la toalla para intentar limpiarme el pelo y de paso disimular. Cuando levanto la mirada, lo veo en el espejo concentrado en dejar su camiseta de nuevo de un solo color.
-¿Y quién es la chica que viene? – pregunta.
-No es de aquí – respondo resignada – Viene de España con lo que no se entera muy bien de las clases. Nos han mandado un trabajo por parejas y me ha tocado con ella.
-¿Y por qué no quieres que nos conozca? ¿Crees que sabe quiénes somos?
-Seguramente – respondo a la defensiva, dándome la vuelta – Acepto a las fans pero ella no me gusta. Hay algo que no termina de cuadrarme. Además, Rocky ya le ha echado el ojo y ya lo conoces. Siempre acabo consolando a las chicas y encubriendo a mi hermano. Estoy harta.
En ese instante suena el timbre de la casa. Ellington y yo miramos hacia la puerta del baño. A continuación, oigo los pasos y las voces de Ross y salgo corriendo escaleras abajo.

Tengo que conseguir llegar a la puerta antes que mi hermano.

martes, 31 de diciembre de 2013

Capítulo 2

ANA
Salgo de la clase de deporte y corro hacia el servicio. Me escondo en la primera cabina y cierro la puerta para apoyarme en ella. Después dejo que las lágrimas corran por mis mejillas silenciosamente.
Esto es horrible. Cuando acepté la beca no me esperaba esto. Lo primero es el idioma. Me encanta el inglés, se me da bien... Pero de ahí a hablar o a entender todo lo que dicen es prácticamente imposible. Por no hablar de la ausencia. Echo muchísimo de menos a Estefi y aquí no hay nadie que pueda ocupar su lugar. Soy la rara, la extranjera, la solitaria chica española sin amigos. Y sólo llevo aquí tres meses, esperando adaptarme.
Con este último pensamiento salgo del baño y camino hacia la clase de historia del arte justo cuando suena la sirena.
Acabo corriendo por los pasillos y, al girar una esquina, me choco contra alguien. Doy un traspié y caigo de culo por culpa del peso de la maleta. Frente a mí hay un chico con unos preciosos ojos marrones. La respiración se me corta al reconocerlo.
-¿Estás bien? - Pregunta, tendiéndome una mano para ayudarme a ponerme en pie.
La acepto temblorosa porque seguro que soy incapaz de ponerme en pie por mí misma.
-Esa maleta parece pesar, ¿eh?
-S- Sí - tartamudeo - Bastante.
Él sonríe y yo le devuelvo la sonrisa.
-En fin, creo que deberías ir a clase.
-Sí. Gracias. - Digo antes de correr de nuevo por el pasillo.
Llego al aula y entro sin respiración. Toda la clase se queda mirándome, incluida la profesora: una mujer que andará cerca de los treinta años, de piel oscura y cara simpática.
-Ana, ¿no? Llegas algo tarde - anuncia sin dejar de sonreír.
-Sí. Me he perdido otra vez.
Es la escusa que más he usado estas dos semanas y, para mi desgracia, esta es la primera vez que es falsa.
-Está bien, siéntate. Estaba diciéndole a tus compañeros que he decidido evaluaros de la siguiente forma. El cincuenta por ciento de la nota del semestre se evaluará con un trabajo que haréis por parejas - ante mi cara de horror la profesora amplía más la sonrisa para tranquilizarme. - Las parejas las he elegido yo, no te preocupes. Tienes la lista en el panel de corcho y podrás verlo al final de la clase.
La hora transcurre lentamente. La profesora me pregunta cada dos por tres si me he enterado, algo que le agradezco porque lo mío no es la historia, ni el arte. Me preguntaría por qué decidí dejar mis estudios de ciencias y venir aquí a estudiar teatro, pero conozco la respuesta demasiado bien: Josh Hutcherson.
La hora termina y todo el mundo se levanta para mirar las listas. Entre tanta gente me siento pequeña, pero consigo llegar a la lista sin sufrir daños.
Busco un nombre español entre todos los nombres que me resultan extraños y finalmente lo encuentro.
Mi compañera es Rydel Lynch.


ROSS
-¿Dónde está Rydel? - Pregunta Ellington.
-¿Queréis que vaya a buscarla? - Se ofrece Rocky.
-¿Qué tienes tú con la clase de Rydel? - Pregunto.
-Echo de menos a Riker. Era el más normal de todos vosotros.
Rocky y yo nos miramos y empezamos a reírnos.
-¿Riker normal? - Pregunto sin dejar de reír.
-Sí. Hasta este punto he llegado - afirma nuestro amigo, resignado. - Me voy a casa. Nos vemos esta tarde chicos.
Ellington se marcha y, como nuestra hermana no aparece, Rocky y yo decidimos volver al edificio para buscarla.
-¡Allí está! - Exclama Rocky.
Miro hacia la dirección en la que señala y veo que mi hermana está hablando con una chica morena. Como está de espaldas no sé quién es, aunque por la cara de placer de mi hermano, parece ser que él sí la reconoce.
-¿Quién es? - Pregunto.
-Ni idea.
-¿Y por qué la miras así?
-Yo no la miro de ninguna forma – contesta, con una gran sonrisa pícara en la cara.
-No que va. - comento con sarcasmo - ¿La acompañaste al final a su siguiente clase? Es una chica en la que ya te has fijado, ¿no?
-Como me conoces hermanito – dice, pasando una mano por mi cabeza y despeinándome; aunque sin dejar de mirar a la chica. - ¿Y tú por qué te has ido tan temprano?
-Es asunto mío – respondo de mal humor, y cambio de tema rápidamente – Ya viene Rydel.
-¡Vamos Rydel! - exclama Rocky – Para cuando lleguemos la comida estará fría. O se la habrán comido toda y tendremos que ver como Ross quema la cocina.
Le doy un codazo a mi hermano y le fulmino con la mirada.
-¿Quién era esa? - pregunto, más por saber en quien se ha fijado mi hermano que por mi propio interés.
-Una estúpida – contesta malhumorada.

lunes, 9 de diciembre de 2013

Capítulo 1

ROSS
-Este año va a ser una auténtica maravilla - canturrea Rocky, bajándose las gafas de sol para observar a las chicas que pasean por el campus. Éstas nos miran y empiezan a reírse de forma tonta.
-¿Crees que habrá suficientes para ti? - Le pregunta Rydel.
-No creo - comento - Ya se ha  fijado en más de una de su clase, y de la mía. Ha ido en un intercambio a hacerme una visita.
-¿Y hay alguna belleza en tu clase, hermanita? - Pregunta Rocky - A parte de ti, claro.
-Sí, sí. Eres un pelota. No se te ocurra aparecer por mi clase. – dice, golpeándole con el dedo índice en el pecho. – Es el primer día de clase, si te las ligas a todas no tendrás para el final. Además, estoy cansada de que siempre busques a las de mi clase.
-¿Por qué?
-Porque al final siempre es a mí a quien se quejan de que seas el chico más mujeriego al que han conocido en su vida. Así que ni se te ocurra acercarte a mi clase.
Entre mi adorable hermanita y el ligón de mi hermano no está nada claro cuál de los dos ganará esta discusión; y yo no tengo ganas de quedarme para averiguarlo.
-Chicos - los interrumpo - me voy a ir yendo a clase. Hasta luego.
Me pongo en camino hacia el edificio. Oigo a Rydel llamarme a lo lejos, pero la ignoro. Los ignoro a todos y cada uno de ellos. Este verano ha sido increíble. Hemos hecho una gira alrededor del mundo, he grabado una película y me he reencontrado con Laura. Laura, la que está saliendo ahora con un chico super musculoso que me saca dos cabezas. Laura, la primera chica de la que me enamoré, tanto fuera como dentro del estudio.
La he olvidado, sí. Pero sigo pensando y recordando todo lo que pasamos juntos y no puedo evitar sentir melancolía. Cuánto desearía revivir todos esos momentos, a pesar de saber que sólo formaron parte de un espectáculo.

ANA
No puedo creerlo. Son ellos.
Cuando crucé el Atlántico en avión, lo último que esperaba era encontrarme con ellos, con los componentes del grupo de música que he adorado desde antes de que se hicieran famosos. Pero están aquí, en la misma universidad que yo. Todos ellos. Y lo mejor de todo es que ella, Rydel, viene a mi clase. La he visto antes, en la clase de canto. Y ahora está acercándose con Rocky hacia donde estoy yo. Veo como ella le da un codazo y el empieza a reírse sin dejar de mirarme. ¿Estarán hablando de mí? No. Es imposible. Pero él me mira, y ella también. Al final, Rydel le da un golpe en la cabeza y le señala la dirección opuesta. El chico sonríe y me saluda. ¿Me saluda? Sí. Me sonríe y mueve los dedos antes de darse la vuelta. Me quedo petrificada, así que soy incapaz de devolverle el saludo. Rydel se queda sola y camina hacia mí pero, antes de llegar a mi altura, se sienta en uno de los bancos y juguetea con su móvil. ¿Esperaba que se acercara? Sería demasiado bueno como para ser cierto.

CLAUDIA
-¡Te quiero! Te quiero, te quiero, te quiero, te quiero. Y te echo de menos.
Doy un sonoro beso al altavoz del teléfono y cuelgo, deseando que no tarde en ver los mensajes del contestador. Ya llevamos casi dos años saliendo juntos, pero sigue siendo extraño para mí querer tanto a alguien. Haberme pasado la mitad de mi vida lejos de mi familia me ha demostrado que el amor no es algo que dure mucho y que depende demasiado de la distancia. Aunque puede que me esté equivocando. ¿Cuándo empezó todo esto?
Recuerdo que caminaba por los pasillos de la escuela, observada por todos y cada uno de mis compañeros. Yo era "la amiga del famoso" y me envidiaban por serlo. Creían que sólo era mi amigo porque podría llevarme a la fama. Ese día había perdido el rumbo y no sabía dónde tenía clase... Cuando lo vi.
-¡Josh! ¿Qué haces aquí?
-¿No puedo venir a darte una sorpresa? - Preguntó con su deslumbrante sonrisa.
-¿Sorpresa? - Intenté no sonreír, pero era imposible.
-Sí. Hoy hace un año que llegaste aquí. ¿Por qué no hacer algo especial esta tarde?
Noto cientos de miradas clavadas en mi espalda.
-¿Para eso has venido? ¿No podrías haberme mandado un mensaje y ya está?
-Em... - Pone cara de estar pensando algo y dice - No. Además tenía que pasar por aquí de todas formas.
Intento no sonreír tontamente, pero es imposible, así que al final concluyo con un inaudible "Está bien".

¿Cuándo me había vuelto tan tímida?

domingo, 1 de diciembre de 2013

Prólogo

Cuatro años. 
¿Cómo es posible que hace cuatro años, los acontecimientos de unos meses supusieran el cambio de todo lo que creíamos seguro? Lo peor de todo es que esos cambios aún nos afectan a nuestra vida diaria. ¿Por qué? Jamás tendremos respuesta para ello.
El chico que tengo frente a mí inca una rodilla en el suelo y levanta la mirada. 
Tiene unos ojos preciosos. Fueron lo primero de lo que me enamoré de su persona. Esos profundos y precioso ojos. 
-¿Quieres casarte conmigo?
¿Cómo es posible que esos ojos sigan reflejando la inocencia y la niñez después de todo lo que hemos vivido juntos? 
-Sí.
¿Cambiarán en algún momento después de todo lo que nos queda por vivir?